Booktrailer de Allí donde el silencio


Banda sonora: Black & White Blues, del álbum Paisajes, de Federico Abad.
Publicado por CD Baby en diversas plataformas musicales: Google Play, Amazon, Spotify, iTunes, Shazam.

Sinopsis

 

¿Qué sucedió realmente aquella tarde de marzo de 1976 en la aldea de Las Cumbres?

¿Quién es esa mujer protegida por guardaespaldas en los templos de Karnak?

¿Cuál es la verdadera identidad de Wolfgang Meier?

¿A quién iban dirigidas las balas en el tiroteo del café España de 1945?





Marzo de 1976. En un pueblo recóndito de la geografía española se ha producido un turbio suceso en el que han muerto una anciana y un pintor austriaco, y ha sido violada una adolescente. Tras una investigación resuelta con sorprendente celeridad, la Guardia Civil da por cerrado el caso.

A Eugenio, joven maestro que tiene allí su primer destino, no le convence la versión oficial del asunto, no cree que el extranjero fuese culpable del doble delito. Además, la preocupación por su alumna, la adolescente que desde aquel día permanece recluida en la mansión familiar, le impulsa a comunicarse con ella a espaldas de la familia.

Esa misma noche se presentan en su domicilio los tíos gemelos de la estudiante y le dan una paliza brutal. Al franquear el muro de silencio que don Alfonso Valverde, el enigmático abuelo de su alumna, había levantado en torno a sí y su familia, el joven maestro había cometido un gravísimo error que lo dejará marcado para siempre.

Muchos años después, Eugenio decide averiguar qué ocurrió realmente aquel día fatídico y por qué se ocultaba el abuelo de Carmen. Entonces descubrirá que el anciano no era quien decía ser, que tras su identidad se escondía un personaje infame, un implacable verdugo que se ensañaba con sus víctimas durante la Guerra Civil y la inmediata posguerra.

Tomando estos hechos como punto de partida, y con los ingredientes propios del thriller, la novela histórica y el melodrama, Federico Abad elabora un argumento vertiginoso donde los personajes, insertos en la historia más reciente de nuestro país, se persiguen desesperadamente unos a otros en diversos planos temporales. De este modo la novela se desarrolla como un entramado de relatos que a su vez contienen otros, a la manera de las muñecas rusas.

Al descubrir el engaño, al desvelar la impostura, al denunciar la complicidad de los que callan, ALLÍ DONDE EL SILENCIO es también y sobre todo un alegato en favor de la memoria y de la verdad.


Enlace a la novela en Amazon Kindle y Tapa blanda


Allí donde el silencio: recomendada en la revista Mercurio

La revista Mercurio, publicación de la Fundación José Manuel Lara para el fomento de la lectura, publica en su número 167 de enero de 2015 una reseña de Allí donde el silencio en su sección Breve.

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Allí donde el silencio: novedades en Cuadernos del Sur

Cuadernos del Sur, suplemento cultural de Diario Córdoba, incluye en su número 1232 del 6 de diciembre de 2014 Allí donde el silencio en la sección de novedades.

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Entrevista de Francisco A. Carrasco

Entrevista realizada por Francisco A. Carrasco, director de Cultura de Diario Córdoba, con motivo de la presentación de Allí donde el silencio en Córdoba. Publicada en la edición del jueves 4 de diciembre de 2014.

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Comentario de Félix VF sobre Allí donde el silencio

Lo primero que quiero decir de la novela es que me "enganchó". Es decir, cuando leía, me metía dentro. Y todos los días me ponía a leer con sensación de impaciencia, de "apetito". Los personajes me parecen muy bien caracterizados. Tienen cuerpo, sustancia. Tienen vida. Supongo que es por los diálogos sobre todo.

A Carmen Garrido me la imaginé muy bien. Su belleza, su inteligencia, su fortaleza. No hubiera perdonado que, al final, el amor entre ella y el narrador se hubiera malogrado. Que él se hubiera quedado en Sevilla, ella en Barcelona, y que el tiempo hubiera marchitado esos sentimientos. Me impacientaba cuando el narrador dejaba que esta mujer se le escapara, que no mandara al carajo la investigación para no perderla.

Al principio la voz pertenece a Eugenio. Después nos enteramos de que estamos asistiendo a la transcripción de una cinta de casete que Eugenio grabó para el narrador / investigador. Me gusta esto. Diferentes perspectivas. Como cuando leemos una carta escrita por la hija de la ama de llaves de Eugenio.

Me parece tan bien dibujada la relación de Carmen y el narrador, que supongo que hay mucho material personal ahí. Me sorprendió que el autor recurra a escenas de sexo muy explícito entre ellos. Me viene a la mente una de ellas: la que tiene lugar sobre la arena, después de que el narrador nade durante una hora. Lo que tiene lugar entre ellos es muy fuerte. Hay sentimientos profundos, pero al mismo tiempo hay algo brutal en ellos.

Intercalada con el argumento hay información histórica muy interesante y densa. Pienso en la historia de las distintas facciones dentro del bando "nacional", y las distintas conspiraciones y disensiones. Luego está el relato casi periodístico de los atentados de Atocha, y la manipulación de la información que perpetró Aznar y sus hombres.

Es inevitable hacerse esta pregunta: ¿este monstruo de don Bruno realmente existió? Supongo que sí. Esa información que el autor da sobre él ¿es de tipo documental, o la ha elaborado o conjeturado a partir de datos fragmentarios? ¿Y de verdad secuestró a una muchacha y la tuvo de esclava sexual toda la vida? ¿De verdad le arruinó la vida a su propia hija? Aparte de que el tal Bruno sea un psicópata sanguinario, lo terrible es que ese tipo tuvo siempre cancha, cobertura, protección, para hacer sus barbaridades. Describiendo estos hechos, lo que hace Federico Abad es permitirnos comprender la sociedad que engendró y engordó a don Bruno y a otros como él.

Por un lado, en la novela se nos muestra el horror que nos sobrecoge, y por otro lado, el amor, la generosidad, la empatía. El amor salva al narrador, cuya vida es un desastre, y salva también a Carmen, prisionera de la ideología de sus opresores, de una adicción, de un matrimonio destructivo. Lo peor del ser humano. Y lo mejor. La muerte y el odio, la locura. Y el amor.

Comentario de J. Castillejo sobre Allí donde el silencio

La lectura de ALLÍ DONDE EL SILENCIO logra poner al lector en tensión al introducirlo, paso a paso, en ese binomio ars detectivesca / ars amatoria donde resultaría fácil naufragar. Me ha llamado mucho la atención la forma de estructurar el relato en planos temporales no continuos, volviendo más de una vez a los mismos años para completar datos que encuentran su sentido precisamente porque se han desvelado otros posteriores.

A priori no se espera del narrador, un profesor centrado en sus clases, grandes recursos detectivescos como los que puede tener un detective profesional. Interpreto que para darle realismo y posibilidad a la acción investigadora del profesor es por lo que Federico Abad ha utilizado este recurso de planos temporales que, conforme avanza la narración, vuelven atrás o anticipan su desarrollo. Un ejemplo de ello sería el bando con el que comienza la novela y la transcripción que viene a continuación, aunque siempre habrá quien considere que no está ahí el comienzo de la novela, sino en el viaje a Egipto.

Creo que con este tratamiento de la búsqueda de la información necesaria para desvelar el misterio, el autor consigue dar credibilidad a la investigación de un profesor que ni esperaba dedicar su tiempo a algo así, ni estaba muy dispuesto en principio a hacerlo. Pese a este ir hacia delante y hacia atrás, el tempo va de ninguna información a toda al final de la novela. Buena solución literaria.

En mi opinión, la lectura de la novela va dando de forma simultánea dos tipos de información: una externa, la que poco a poco va consiguiendo el detective sobre ese caso que está investigando, y otra interna que sobre sí mismo y en la relación con el otro va descubriendo cada uno de los dos personajes conforme cada crisis se va resolviendo. Aunque la acción detectivesca esté bien tramada, considero que el segundo tipo de información, la que nace de los propios personajes y va afianzando la relación, le da a la novela más relevancia, pues la sitúa en un plano de universalidad que difícilmente podría alcanzar el estudio de un hecho concreto. Por eso valoro el tratamiento psicológico de los personajes. ¿Ante qué nos hallamos?, ¿ante una novela de detectives, o ante la construcción de relaciones humanas a través de sentimientos como el amor, la fidelidad a las ideas, la solidaridad, el deseo de justicia, etc.? Sería una buena cuestión para debatir.

Por otra parte, el segundo término del binomio al que me refería anteriormente es tratado con un tempo totalmente distinto: el amor surge desde el comienzo de forma impetuosa, arrolladora, sin condiciones, ajena a circunstancias y convenciones, como si todo estuviera ya dado desde este principio. Sin embargo, es necesaria una acción catártica en los dos, catarsis que se logra a base del planteamiento y la resolución de sucesivas crisis. Mediante ellas, el narrador irá descubriendo otro tipo de información sobre sí mismo y sobre Carmen más valiosa que la propia información del caso, y Carmen se situará en una posición de violencia hacia sí misma que la llevará poco a poco a la ruptura y la liberación de ese mundo interior, de sentimientos tormentosos con que la habían marcado durante su niñez y adolescencia. La hija común es el final del mutismo y del sentimiento rencoroso de Carmen. Buen final. Me gusta el tratamiento de este aspecto psicológico de los personajes.

El lenguaje empleado tanto en la narración como en las intervenciones dialógicas me parece muy adecuado, muy preciso; se agradece que el autor no se pierda en divagaciones innecesarias.


José Castillejo
escritor

La tercera vía argumental

a mayor parte de los argumentos son previsibles, sabes de antemano lo que va a suceder, entre otras razones porque el propio autor se prepara el campo: “ve a buscarlo por allí, que yo buscaré por esta parte”, dice el personaje para facilitarle al asesino la muerte de uno de ellos.

Ante esta tradición, que pudo tener sentido en la novela del siglo XIX porque eran otros sus intereses, determinados autores optan por lo imprevisible y elaboran argumentos destinados a sorprendernos a cada momento. El resultado es una sucesión de fuegos de artificio tan inverosímiles que la narración queda sepultada bajo su propia construcción.

Cuando me enfrenté a la escritura de Allí donde el silencio me propuse buscar un cauce alternativo a las dos soluciones anteriores: que el lector no se espere el desenlace de ciertos acontecimientos, pero que una vez que se produzcan y reflexione sobre ellos comprenda que no podía ser de otro modo, que todo apuntaba, aunque no se manifestase explícitamente, a que iban a desembocar en ese hecho.

El complejo de Peter Pan

l Don Bruno de la novela representa la perversión del mito creado por Barry. Su negativa a crecer se manifiesta específicamente en el ámbito del deseo. En ese sentido, en el de huida de la vejez, transita por esos oscuros derroteros de la sociedad patriarcal donde los hombres, como dueños del poder económico, reemplazan sus mujeres por otras más jóvenes, más fértiles, más deseables.

Peter Pan, ese personaje atrapado en una eterna juventud, se lleva a Wendy al País de Nunca Jamás, como luego se llevará a la hija de esta, Jane, y más tarde a su nieta, Margaret. Don Bruno, embriagado por el poder de la violencia que le otorga su tiempo y su circunstancia, someterá sexualmente a Ángela, y más tarde a su hija, y más tarde aún a su nieta.

Bien es cierto que la ambición que lo ciega juega en el bando contrario al de su inteligencia. Ha logrado salir indemne de Córdoba y de Málaga, pero en Las Cumbres hallará su propia tumba, y no a causa de la vejez o del hijo de una de sus víctimas, sino de la que lleva, por partida doble, su propia sangre.

Don Bruno podría haberse llevado también su secreto a la tumba, y ahí está el quid de la cuestión. Si la tercera generación de esa estirpe de mujeres violentadas acabó con su vida, será la cuarta, engendrada en el deseo del narrador de conocer su identidad, la que desvele por azar la pieza que faltaba en el rompecabezas de su biografía. La cuadratura del círculo se ha cerrado.

El difícil oficio del narrador

egresamos al punto uno. Tan lamentable es el papel del protagonista arrastrado por las inexorables garras del destino como el del superhombre que causa admiración allá por donde pasa. ¿Y qué decir de ese narrador que hace y deshace a su antojo, del que se luce aireando lo que piensa cada personaje, o del tramposo que oculta cuanto sea preciso para alimentar el mal llamado factor sorpresa?

Mi narrador oculta su nombre, ¿cuál es el motivo? No lo sé, tal vez quiera despejar desde el comienzo cualquier veleidad de héroe. No es un indigente, pero como tiene serios problemas económicos se ve obligado a aceptar un trabajo venenoso. Tampoco es un canalla, y sin embargo sus actos demuestran a veces una ruindad manifiesta. Aspira a ejercer de historiador aunque, como muy bien le dice Carmen a la cara, carece de trayectoria en el campo de la investigación. Y no obstante lo es, malgré tout.

Se deja el pellejo tratando de descubrir las claves fundamentales, aun cuando lo haga por mera intuición. Pero no logra desentrañar el enigma. Cierra la investigación con el amargo sabor de la derrota y, no obstante, dejará sin saberlo una herencia que lo consiga.

Obsesiones

llí donde el silencio gira en torno a las obsesiones. De hecho el narrador vive un permanente conflicto entre dos obsesiones antagónicas: la de saber qué sucedió y la de amar a Carmen. Eugenio es un obsesivo a causa de su trastorno bipolar y de haber heredado la obsesión de Alicia por cumplir a toda costa lo que ella consideraba un deber.

Tomás ejerce la obsesión del celoso con los tics del político prepotente, y Velasco la del sádico. La obsesión de Benito Ibáñez no es otra que la de poder construirse su propia vida, y la de Elfriede encontrar a su hijo, quien a su vez convierte la búsqueda del verdugo de su padre en una obsesión suicida. La de Paco el carnicero se reduce a contar cuanto sabe antes de morir, la del conde de Casa Tomares a ajustar cuentas con el hombre que se hizo con sus bienes, y la de Jacinto acabaría siendo la de sobrevivir. El uruguayo se obsesiona por interpretar las claves del tiempo. En cuanto a Don Bruno, se ve obligado a reemplazar su obsesión de satisfacer sus ansias de poseer por otra mucho más pragmática: la de ir borrando con sangre cualquier trazo de su identidad.

2004

a memoria histórica tiene una deuda pendiente con aquel año fatídico, concretamente con aquellos cuatro días que van del 11 al 14 de marzo. La figura estelar de José María Aznar brilla en el universo de los gobernantes insensatos, obsesionado por hacer de su país una gran potencia, pero es una estrella con la visión nublada por sus propias fantasías: sepultar el territorio de su país bajo edificios fantasmales, ejercer el papel de bufón de aquel bufón supremo llamado George W. Bush, jugar a una guerra que nadie quiere y sin sopesar los riesgos que comporta; silenciar, en suma, sus errores mediante mecanismos propios de una dictadura con los cancerberos Acebes y Urdacy.

A Carmen y al narrador les toca representar, en el reducido marco de una habitación de hotel, poco menos que a dentelladas, el esperpento de las dos Españas que se estaba desarrollando en aquellos instantes. Y casi acaban siendo devorados por tanta podredumbre.

El Caudillo y sus conspiradores

or qué se extiende el relato del narrador en este asunto? Una respuesta sencilla pasaría por comprender que escarba agónicamente en los basureros de nuestra historia, buscando la aguja perdida; su carrera de historiador deja mucho que desear, y pretende recuperar el tiempo perdido. Otra razón de peso es la de contribuir a derribar la imagen plana de Franco como la de un dictador omnipotente, un tirano que solo tenía enemigos entre los perdedores de la contienda.

Porque nada hay más lejos de la realidad. Franco fue un hábil administrador de la violencia más extrema, y una vez que logró deshacerse de sus competidores facciosos, a veces por medios turbios, se perpetuó acallando de forma sibilina las voces discordantes con suculentos beneficios, más suculentos si observamos al fondo la miseria del país. Y si el alboroto subía demasiado de tono solía recurrir a la demora, dejando que se pudriese solo, con esa proverbial flema tan explotada hoy día por otro gallego de nombre Mariano.

La trastienda del franquismo en sus primeros diez años se me antoja una pelea multitudinaria de gallos en las cloacas del Régimen. Por eso dejé que el narrador hurgase a sus anchas entre tanta pestilencia. Y por eso, solo por eso, hice que el misterio de la novela orbitara en torno a las puñaladas que se daban en la oscuridad aquellos próceres arrogantes mientras entonaban el prietas las filas. Claro que para conocer los detalles hay que cumplir con el canon del thriller, y aguardar hasta el final para encontrar la respuesta.

El lenguaje nunca miente

iente el hablante en su mensaje, todos lo hacemos a diario. Pero el lenguaje es un proceso tan complejo que sus rasgos fonológicos, morfológicos, sintácticos, semánticos y funcionales escapan por lo general a la conciencia del emisor, que acaba dejándolo todo perdido de huellas sonoras.

Bruno Ibáñez, obsesionado por borrar las de su pasado, no alcanza a comprender que tiene la batalla perdida en este territorio. Cuando sus restos reposen bajo la tierra, bastará una palabra de su nieta para abrir la caja de Pandora que alberga un escenario espantoso. Ya lo dijo el uruguayo: el lenguaje nunca miente. Ni siquiera el suyo.

Basada en hechos reales

l carácter histórico de Allí donde el silencio no se traduce únicamente en situar unos hechos en un contexto realista perteneciente al pasado. Es verdad que lo respeta, y en ese sentido fui tan obsesivo que incluso llegué a consultar qué tiempo hacía en una determinada localidad en un determinado día de un año lejano.

Pero la historicidad de la novela va mucho más allá, pues pretende reclamar la atención del lector, y de la sociedad por extensión, sobre la infamia de quienes no se conformaron con ejercer la brutalidad para lograr un fin político, y no precisamente en las trincheras, sino en la retaguardia, porque continuaron ejerciéndola para satisfacer su deseo de posesión de bienes y de personas.

Bruno Ibáñez fue un individuo de carne y hueso. Tuve que posponer su fecha de nacimiento doce años por exigencias del guion. Por lo demás, su delirante abuso de poder, el régimen de terror dentro del terror instaurado en Córdoba por Ciriaco Cascajo y Luis Zurdo, y que él llevó hasta extremos inconcebibles, es rigurosamente cierto. De su proclividad al chantaje, al latrocinio, a la coacción, a la violación, al exterminio genocida en suma, dieron testimonio cuando fue posible miles de cordobeses. Y miles fueron las familias que perdieron a uno o varios de sus miembros porque él, con las listas que le llegaban a diario desde los casinos de la ciudad, los mandó ejecutar. La mía fue una de esas familias.

Igualmente veraz fue la violación de Ángela Moreno mediante el encarcelamiento de su padre. El asunto corrió de boca en boca en Córdoba durante varias décadas. De hecho fue mi madre, cuando consideró que yo tenía edad para saberlo, quien me lo contó. Posteriormente Rafael Balsera lo citó varias veces en nuestras conversaciones, e incluso contempló el proyecto de dedicar una de sus obras dramáticas a esta joven desgraciada.

Es ficticio el traslado de Don Bruno, acompañado de Ángela, a Málaga en 1941, aunque es cierta la apertura de una instrucción por un juez militar de Sevilla en esa fecha para conocer el destino de las suscripciones públicas abiertas por él en Córdoba cuatro años antes, instrucción que se cerró sin responsabilidades, claro está. La verdadera muerte de Bruno Ibáñez aconteció treinta años antes que en la novela, pero merecería haber tenido al menos la muerte que tiene en ella.

En cuanto a lo acaecido en la Málaga de la posguerra, puedo decir que está basado también en hechos reales y convenientemente documentados por Encarnación Barranqueiro.

Un organismo vivo

llí donde el silencio discurre alrededor de tres periodos temporales: 1936-1947, 1975-1978, 2003-2009. Arranca en el tercero, y la interpretación del segundo conduce al primero. Sin embargo, el relato se desplaza continuamente de uno a otro según los personajes en los que se centre la acción o tomen la palabra.

La similitud con un puzle no sería la más acertada, porque la narración crece a menudo en direcciones diversas para ir desvelando los entresijos del núcleo del misterio. En realidad se asemeja más a una madriguera, una compleja red de túneles excavados en el tiempo que comunican zonas tenebrosas cuyo origen se encuentra en un acto de maldad primigenio.

En ese sentido, una novela de estas características posee un funcionamiento similar al de un organismo vivo, dotado por tanto de órganos diseñados para funciones específicas y conectados entre sí.

Territorio del relato

arcelona y Sevilla, las ciudades de Carmen y del narrador, forman parte importante de su paisaje, pero también el Madrid golpeado aquel 11 de marzo de 2004, donde cada uno de ellos escenifica el brutal enfrentamiento de un país.

Su primer y extravagante encuentro se da en Luxor, punto de partida de la novela sensu stricto, y el segundo y no menos extravagante, en Cádiz. Sanlúcar de Barrameda se suma a la extravagancia, y no sabría decir si a causa del desencuentro o del encuentro posterior.

En Málaga asoma por partida triple el cabo del hilo de Ariadna que conduce al narrador-Teseo hasta la salida del laberinto. Esa puerta es Córdoba, cuando la ciudad se está viendo sometida al horror y a la muerte.

Alicia viaja a Palencia y a Teruel persiguiendo su propia aniquilación. Wilfried pasa por Asís antes de comenzar a labrarse la suya en Zaragoza. Su padre, en cambio, encuentra en Lübeck la mano que le devuelve a la vida, y el narrador mantendrá la última conversación con Eugenio desde Nueva York. Después ya no será posible.

El escenario del drama original se sitúa, sin embargo, en un territorio mítico, y por ello mismo evité que se pudiera identificar. La capital de la provincia, donde vive Eugenio, es innombrable –¿no será Eugenio, en el fondo, un personaje fantástico dentro de la ficción?–. No existe como tal Las Cumbres de San Calixto, el lugar donde se desencadena el conflicto, ni tampoco Azulejos, la capital de la comarca.

La frontera entre lo real y lo ficticio: el territorio de la imaginación.


Caperucita Roja

Mi fascinación por este cuento se remonta a la lectura que hice, cuando aún no habría cumplido veinte años, del Psicoanálisis de los cuentos de hadas, de Bettelheim. Revisé entonces las versiones de Perrault y de los Grimm, fantaseando con la idea de reinterpretar una fábula plagada de zonas oscuras.

Como idea fuerza acabó entrecruzándose con otras que plasmé en el primer guion, insertada en un espacio imaginado durante mi adolescencia, en un expreso nocturno a Madrid mientras atravesaba Despeñaperros, y alimentada convenientemente con grandes dosis del Wish You Were Here de Pink Floyd.

Finalmente encontré el significado que pretendía darle al mito de Caperucita: la inocencia que representa su figura, rebautizada como Carmencita, frente a la maldad que la envuelve. Esta maldad explicaba a su vez la injustificable situación de la abuela en el cuento. ¿Qué motivo obligaba a una anciana a vivir sola en medio del bosque, asistida únicamente por la nieta?

El pintor Wolfgang (sin relación alguna con Mozart) es textualmente el lobo que se acerca, y aunque parece ejercer dicho papel en el atestado, en el fondo no es más que otra víctima desesperada de la verdadera manada de lobos, esos siniestros cazadores-sicarios encarnados en los gemelos. Su fechoría deberá ocultarse tras las sotanas de su propio hermano a instancias del monstruo que los engendró, un cobarde impostor que solo emplea el lenguaje de la violencia.
 

Figuraciones y Sospechas: el silencio

Foto: Federico Abad
"En ocasiones el silencio es el envés de la ignorancia, o el testimonio del vacío, o la expresión de la desidia, o la prueba irrefutable del fracaso, la traducción del miedo...

A veces el silencio es un modo sutil, imperceptible, de proteger una mentira, de ocultar una evidencia, de hacerle daño, y para siempre, a la vida...:

El silencio asesina todos los sueños, anega la memoria y destruye la esperanza sin remedio...

Callar nos hace siempre cómplices."

Pedro Roso
Figuraciones y Sospechas, p. 24
La Isla de Siltolá, 2016. Colección Aforismos